En la región de Normandía , al noroeste de Francia, se encuentra una de las maravillas del país: el Monte Saint Michel . Se trata de una i...
Nuestro viaje llegaba a su fin.
Nuestro último destino era Mónaco. Nos levantamos pronto recogimos las cosas y
en otra media hora estábamos en Mónaco. Antes de llegar, decidimos visitar Eze.
Eze es un
pueblo medieval fortificado. Es descrito como “nido de águila” por su ubicación
con vistas a un acantilado de 427 metros sobre el nivel del mar. Dimos una
vuelta por este pequeño pueblo que nos encantó, tanto por sus vistas como por
su Jardín Botánico.
Para poder ver la ciudad, es
necesario dejar el coche en un parking cercano (1,50 euros la hora) y subir a
pie.
Diez minutos después de abandonar
Eze, llegamos a Mónaco. También es
necesario dejar el coche en el parking. En este caso el parking se encuentra en
el puerto de la ciudad (1,50€ cada hora y media).
Había dicho que los yates de St.
Tropez y Cannes eran enormes? Pues bien, éstos eran los de Saint Tropez y
Cannes juntos! Tanto que pasamos la primera hora y media boquiabiertos contemplando
todos y cada uno de los yates, ferraris, y demás coches lujosos que había
aparcados o que iban y venían. Y hablando de coches, aprovechamos para ver el famoso circuito de Formula 1 de Mónaco, muy conocido por sus curvas cerradas donde no pudimos resistirnos a sacarnos alguna foto para el recuerdo.
Siguiendo con el empacho de lujo nos
encaminamos hacia la plaza del Casino y entramos. Es una de las principales
atracciones de la ciudad, siempre lleno de gente, tanto jugando como mirando.
Del Casino fuimos a la parte antigua
de la ciudad. Había que subir una gran escalinata y después pasar por los
Jardines Saint Martín y la catedral de San Nicolás, ambos muy bonitos.
Finalmente llegamos a la plaza del Palacio. Desde ella las vistas de Mónaco son
impresionantes y nos lo parecieron aún más en el momento en que empezaba a anochecer y vimos como la ciudad se
iluminaba poco a poco.
No queríamos llegar muy tarde a
Milán, así que iniciamos la vuelta y en tres horas habíamos llegado cada uno a
nuestra casa.
Nuestro viaje llegaba a su fin. Nuestro último destino era Mónaco. Nos levantamos pronto recogimos las cosas y en otra media h...
Siguiendo
con nuestro itinerario por la Costa Azul y después de media hora de coche,
llegamos a Niza.
Nos
alojamos en el Hotel Azurea, nada recomendable si lo que buscas es una buena
zona o un buen ambiente. El hotel en sí estaba bien, la habitación amplia, por
20 euros la noche tuvimos desayuno “buffet” incluído (había muy poco que
elegir), wifi y demás facilidades. Aunque el desayuno no fué el inconveniente.
El hotel
está situado en uno de los peores barrios de la ciudad: poco recomendable por
la noche, pero a nosotros, que lo único que queríamos era dormir, nos bastó.
En esta
ciudad comenzamos nuestro tour por Place Masséna, toda ella rodeada de
restaurantes y tiendas. Un dato curioso de ésta plaza es que sobre cada farola
hay una escultura de hombres en diversas posturas y se iluminan con distintos
colores, se conoce como “Conversation à Nice”, es una obra del español Jaume
Plensa, y representa los siete continentes.
Dejando
atrás Place Masséna, llegamos a Promenade des Anglais, paseo marítimo de unos
siete kilómetros, todos ellos de playa. No pudimos tomar el sol ya que llovía,
pero esto no impidió que bajásemos a ver el mar más de cerca. Toda la playa es de
piedras y con el azul turquesa del mar forma un contraste precioso.
Por
Promenade des Anglais llegamos hasta las escaleras que van a parar al Parc du
Château, un enorme parque que debido a su altura permite contemplar toda la
ciudad de Niza, incluído su gran puerto. Obligatorio subir.
Uno de
mis amigos conocía a dos Erasmus españoles de Niza, así que quedamos con ellos
y después de comer nos enseñaron el resto de la ciudad. Nos llevaron por la
Vieja Niza, llena de calles estrechas, bares, restaurantes… y llegamos hasta la
zona del puerto. Ya era tarde y, por desgracia, llovía demasiado así que
decidimos volver al hotel a descansar y empezar con energía el día siguiente:
Eze y Mónaco.
Siguiendo con nuestro itinerario por la Costa Azul y después de media hora de coche, llegamos a Niza. Nos alojamos en el H...
Entre St. Tropez y Cannes
hay una hora de distancia en coche.
Llegamos sobre las nueve
de la noche y fuímos directos al Residhotel Cannes Festival donde habíamos
reservado un pequeño apartamento con dos habitaciones, cocina, baño y terraza,
muy bien dispuesto. El hotel no se encontraba en el centro de la ciudad,
decidimos escoger uno a las afueras para no salirnos de presupuesto.
Aprovechando el
maravilloso día en la Riviera y al igual que el día anterior, iniciamos nuestra
ruta turística por el puerto y nos dimos cuenta de que el tamaño de los yates
de St. Tropez, sólo había sido un aperitivo. Aquí había más y más grandes.
Paseamos por delante de
los grandes hoteles de lujo e incluso paramos para tomar el sol …sí … nos
quemamos… bien quemados!.
Llegamos al Paseo de la
Croisette, obligado pararse ya que allí se encuentra el Palais des Festivals
con su alfombra roja donde cada año pasan miles de famosos para asistir al
festival de cine. El edificio está rodeado de las huellas de manos de muchos
artistas conocidos, entre ellos el manchego más universal: Pedro Almodóvar.
Una curiosidad: Se puede
decir que el Festival de Cine de Cannes comenzó en 1939, el 1 de Septiembre, pero concluyó en el
mismo día ya que el siguiente inició la II Guerra Mundial. No sería hasta
Septiembre de 1946 cuando el Festival se retomara, y así continúa
ininterrumpidamente.
El camino de vuelta hasta
donde habíamos aparcado el coche lo hicimos por la la playa, donde hay muchos
chiringuitos y parcelas privadas para los hoteles. Cogimos el coche y nos fuimos a descansar al
hotel.
A las 9 bajamos otra vez a
la ciudad, esta vez andando y pasando por el casco antiguo, muy recomendable, y
cenamos en uno de los restaurantes a la orilla del mar que habíamos visto en
nuestro paseo. El menú, 20 euros, incluía primero, segundo y postre. Tomamos una
sopa de pescado y un filete de carne, todo buenísimo.
En general todos los
restaurantes ofrecían menús similares a precios parecidos.
Después de cenar dimos un
paseo hasta el hotel y a dormir pues al día siguiente continuábamos hasta Niza.
Entre St. Tropez y Cannes hay una hora de distancia en coche. Llegamos sobre las nueve de la noche y fuímos directos al Re...
Este año me encuentro en Milán con una beca Erasmus.
Milán es para mí como el epicentro de Europa, piensas en
un lugar que quieras visitar, extiendes el mapa, mides las distancias y te das
cuenta de que todo queda más o menos cerca.
Así que estoy aprovechando la situación para hacer algo
que me rondaba la cabeza: viajar todo lo que pueda y después ponerme manos a la
obra, abrir este blog y compartir mis viajes.
Voy a empezar por mi viaje a la Costa Azul.
Después de comentar mi idea de viaje a tres amigos,
nos organizamos, alquilamos un coche y cogimos las maletas. Queríamos gastar lo
mínimo posible y aunque nuestro destino no fuese de los más baratos, como de
todos es sabido, hicimos cuanto pudimos para que no nos saliese demasiado
caro.
Buscamos hostales baratos donde pasar las noches,
cargamos el coche con bolsas de comida, fruta, agua…de tal manera que, a la
hora de comer, los gastos fuesen relativamente bajos. Hicimos las maletas
en base al tamaño del maletero, es decir una maleta para cada dos (el coche era
pequeño), y pusimos rumbo a nuestro primer destino.
Primer destino - Saint Tropez
Según la leyenda, la ciudad debe su nombre a Caius
Silvius Torpetius o Torpès (San Torpetes de Pisa), un oficial
romano de la corte de Nerón, nacido en Pisa y convertido al
cristianismo por San Pablo. Nerón ordenó su decapitación y su cuerpo fué
metidos en una barca a la deriva en el río Arno llegando más tarde a la costa
que hoy toma su nombre. St. Tropez.
Actualmente es conocida por la vida nocturna, boutiques
de lujo, playas preciosas y sobre todo sus grandes yates.
Llegamos sobre la 1 del mediodía, aparcamos el coche a
las afueras, el aparcamiento en el centro suele ser de pago, y nos encaminamos
hacia el corazón de la ciudad. Lo primero que visitamos fué el puerto, que nos
dejó con la boca abierta: yates enormes, coches de alta gama y turistas como
nosotros respirando el aire de lujo que reina en Saint Tropez.
Después de dar un paseo entre los pantalanes recorrimos todas y cada una de las calles de esta ciudad que no nos dejó para nada indiferentes. Calles estrechas, empedradas, con colores llamativos … todas ellas muy bien cuidadas. A ambos lados de las calles, las famosas boutiques de lujo, a las que por supuesto no pudimos evitar entrar … a mirar.
Cuando terminamos de ver cada rincón de la ciudad decidimos subir a la Ciudadela: una vieja
fortificación en la colina de Saint Tropez. Por desgracia estaba cerrada y no
pudimos visitarla, pero las vistas desde lo alto de la colina eran
impresionantes y merecieron la pena. Además pudimos ver el cementerio marino de la ciudad.
Una
de las cosas a destacar de este enclave de la Costa Azul es la vida nocturna. Sin
embargo en esta época del año todas las discotecas se encuentran cerradas y preparándose
para la gran afluencia de personas que acogen cada verano. Así que no nos quedó
más remedio que abandonar Saint Tropez y dirigirnos a Cannes a pasar la noche.
Este año me encuentro en Milán con una beca Erasmus. Milán es para mí como el epicentr...
























