Después del día entre Sigiriya y Dambulla, volví a
Kandy a pasar la noche para continuar la aventura a la mañana siguiente. Me
levanté temprano y fui a comprar los billetes de tren de Kandy a Nuwara Eliya, el trayecto
más bonito y conocido entre los viajeros. La demanda es muy alta por lo que
los tickets suelen agotarse y es común tener que ir sentado en el suelo, algo
que no importa mucho y que incluso resulta mejor ya que puedes ir cerca de las
puertas, que suelen ir abiertas, y así admirar el paisaje. El precio del
billete es de 160 rupias en segunda clase, 0,84 céntimos de euro, y se tarda
aproximadamente cinco horas.
Mi idea era visitar la zona de Nuwara Eliya, donde se
encuentran la mayor parte de los campos
de té del país, durante uno o dos días. Sin embargo, Sri Lanka o el destino
tenían otros planes para mi. La parada de tren de este pueblo se llama Nanuoya, nada que ver con su nombre,
por lo que me la pasé y cuando me quise dar cuenta estaba a media hora de allí.
Como todo pasa por algo y sé a ciencia cierta que volveré a Sri Lanka, en vez
de dar marcha atrás decidí continuar hasta el archiconocido pueblo de Ella.
Ahora que ya sabéis dónde tenéis que bajar para ver Nuwara Eliya o ‘Nueva Inglaterra’, que
no os pase como a mí. Es un lugar que debe merecer mucho la pena por su
aspecto, con casas de estilo colonial como resultado de la ocupación británica
en el siglo XIX, y su naturaleza circundante. Yo me tuve que “conformar” con
las vistas desde el tren. Por si os apeteciese, otras de las paradas que
algunos de los viajeros suelen hacer antes de llegar a Ella son Hatton, también con grandes campos de
té, y Adams Peak, una montaña cónica
de 2.243 metros de altura a la que suele subir por la noche para ver el
amanecer desde lo alto.
Después del día entre Sigiriya y Dambulla , volví a Kandy a pasar la noche para continuar la aventura a la mañana siguiente. Me levanté ...